Lavar el té consiste en enjuagar las hojas, es decir, descartar la primera o incluso la segunda infusión sin beberla, con el propósito de eliminar el polvo y los posibles residuos de pesticidas. Sin embargo, gracias a las mejoras en la higiene de la producción de té en Taiwán, esta práctica dejó de ser necesaria hace más de treinta años.