Tras el enrollado y el modelado en tela, las hojas de té pasan por el proceso de secado. Su objetivo es desactivar las enzimas, detener por completo la fermentación y oxidación, y garantizar una calidad estable. Hoy en día, el secado suele realizarse con grandes secadoras industriales. Tras pasar por el proceso entre 2 y 3 veces para reducir la humedad de las hojas al 3% – 5%, el té resultante se conoce como té bruto o “maocha”.